Con maestría, Brane Mozetic se trepa al potro del sueño y así nos lleva de las narices por territorios astillados, de fragmento en fragmento a través de horizontes imposibles.
Devenimos pequeños Nemos, vamos saltando con él de una escena a otra, los momentos se suceden y se superponen hasta caer de la cama y, de pronto, descubrirnos en casa: a cobijo, y algo así como más despiertos. Mozetic despliega estas cartas de navegación que de entrada comprendemos y aceptamos.
Un artificio fácil de acatar y olvidar: la dinámica onírica abre territorios, léxicos propios.
Pero nada es tan simple en el sueño. Y menos en los poemas.
Alguien entonces pregunta: pero qué clase de poeta sos si no podés levantar ni 50 kilos? Quien sueña y testimonia es poeta. Esta brújula marca el itinerario, cierto ritmo de caleidoscopio: sus movimientos, algunas constantes, y los puntos en que elige detenerse.
andi nachón