Este iba a ser un libro sobre la locura. Terminó siendo un libro donde todos los conceptos son llevados a su límite hasta que estallan, incluido el de locura. A la poesía de alto voltaje de Melina Alexia Varnavoglou le quedó chico aquel proyecto inicial. Ser poeta, nos demuestra en este libro, es adueñarse de la palabra como quien roba un patrullero y huye con todo. Escribirlo significó para su autora dejar atrás la pasión triste de saberse hablada por otros y salir a recobrar la serotonina perdida por culpa de la civilización. Hay un arco desde la sangre propia que sale por una jeringa hasta el goce que se reinyecta en el lenguaje cuando las palabras bailan lo inenarrable de una fiesta llena de "zonas y abismos". Y ese arco es político.